Aún recuerdo cuando tus dedos impacientes
jugaban con los botones de mi pecho,
provocando un estallido de humedad en ese
lugar cálido y ardiente de mi intimidad…
… Y cuando las palomas de tus manos
inquietas descendían al jardín del deseo,
buscando tu boca beber la miel de ese pequeño
océano donde se perdían tus labios y tu lengua
inquieta hasta ahogar la fuerza de tu interior,
naufragando en oleadas de placer
y gemidos de pasión,
muriendo poco a poco, piel a piel,
en el eterno abrazo del amor...
Cortesía de: María Fernanda Oviedo

